El buque escuela Cuauhtémoc, orgullo de la Armada de México, colisionó el pasado 17 de mayo contra el puente de Brooklyn en Nueva York, dejando un saldo de dos cadetes fallecidos y al menos 19 heridos. Un accidente que, más allá de la tragedia, parece una metáfora perfecta de la política mexicana: un proyecto que avanza sin rumbo claro, con fallas estructurales evidentes y una tripulación que insiste en que todo está bajo control.

Cuando la corriente arrastra más que el capitán

Según los reportes iniciales, el accidente ocurrió por una pérdida repentina de potencia, dejando al buque sin control y llevándolo directo a la colisión. ¿Error mecánico? ¿Falla humana? ¿Una combinación de ambas? La investigación sigue en curso, pero el paralelismo con el gobierno de Morena es inevitable: una administración que, tras años de navegar con viento a favor, ahora enfrenta una serie de crisis que la han dejado a la deriva.

La caída de la 4T no es un choque repentino, sino el resultado de una serie de decisiones que, como en el modelo del queso suizo, han ido alineándose hasta provocar el desastre. La inseguridad, la crisis económica, los conflictos internos y la falta de dirección clara han convertido el proyecto en un barco que avanza por inercia, esperando que la corriente lo lleve a buen puerto.

Sheinbaum al timón, pero ¿quién marca el rumbo?

Claudia Sheinbaum, ahora presidenta de México, ha prometido una investigación exhaustiva sobre el accidente del Cuauhtémoc. Pero más allá del buque, la pregunta es si su gobierno podrá evitar colisiones similares en el ámbito político.

La administración de Sheinbaum ha heredado un país con problemas estructurales profundos, muchos de ellos agravados por la gestión de AMLO. La narrativa de continuidad que ha intentado vender choca con la realidad de un México que exige soluciones concretas. ¿Será capaz de corregir el rumbo o simplemente seguirá navegando con la misma brújula desajustada?

¿Reparar el barco o cambiar de embarcación?

El choque del Cuauhtémoc es un recordatorio de que incluso los proyectos más emblemáticos pueden fallar si no se manejan con precisión. En política, como en navegación, la improvisación es peligrosa.

Morena enfrenta su propia colisión con la realidad. La pregunta no es si podrá reparar los daños, sino si aún tiene la capacidad de mantenerse a flote.

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